Pero entonces… ¿no debo jugar con mi bebé?

Cuando en mis talleres y grupos de crianza hablo de movimiento y juego libre, hay una pregunta que se repite casi siempre; pero entonces… ¿no debo jugar con mi bebé? Hoy escribo este artículo para aclarar las dudas que a otras familias puedan surgirles al respecto.

El juego por edades

El ser humano se forma durante los primeros años de vida a través de las interacciones con el ambiente. L@s niñ@s, cada un@ a su ritmo y siguiendo su propio esquema de desarrollo interno, tienen la necesidad innata de moverse, mirar, chupar, tocar, coger, mover, agitar, golpear, girar, lanzar, apilar, separar, insertar, sacar, clasificar, etc. todos los objetos que encuentren a su alcance. Esto les permite conocer el mundo que les rodea, descubrir sus propias capacidades y límites, tomar sus primeras decisiones, experimentar el placer de moverse, tocar y sentir, y frustrarse. Por eso el juego en la primera infancia es sinónimo de exploración, experimentación y auto-construcción.

A partir de los 3 años progresivamente, una vez que l@s niñ@s se auto-reconocen como personas y empiezan a desarrollar la Teoría de Mente y la empatía, empieza el salto natural a lo social. Pueden empezar a buscar a sus pares y a otras personas para relacionarse y jugar. Así, el juego se convierte también en una herramienta para el desarrollo moral y social.

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Estimular e intervenir en el juego

El juego es por tanto una tendencia humana y la manera en la que se desarrollan l@s niñ@s. Tod@ bebé que tenga sus necesidades básicas de supervivencia cubiertas y que sienta la seguridad de su figura principal de apego o referencia va a querer jugar, jugar y jugar (explorar y experimentar). Dicen Éva Kálló y Györdyi Balog que “se puede identificar a un niño infeliz por la superficialidad de su juego” (Los orígenes del juego libre).

Sin embargo, las personas adultas solemos animar, motivar, estimular e intervenir en el movimiento y  juego infantil como si sólo con nuestra ayuda pudieran aprender y alcanzar ciertas habilidades. Pero esta práctica tan común tiene varios perjuicios:

De sujeto de placer a sujeto de deber. Cuando le agitamos un sonajero para que lo mire, cuando movemos algo en el suelo para que se acerque, cuando le aplaudimos impulsándolo a dar más pasos, cuando le decimos que meta la bolita aquí o allá, etc. estamos desconectando a el/la bebé de su intención y empezará a realizar las cosas para satisfacernos a nosotr@s. Si esto se repite a menudo, le vamos anulando su iniciativa y capacidad de autorregulación, y le vamos convirtiendo en un sujeto de deber y no de placer.

Dinámicas de dependencia. Como decía arriba todos los seres humanos nacemos con una tendencia a la exploración autónoma. Pero cuando desde bebés otras personas dirigen nuestro juego empezamos a crear dinámicas de dependencia y no podemos descubrir el auténtico potencial que tenemos dentro. Desgraciadamente he conocido varias familias con infantes que aún no caminan que eran incapaces de explorar cuando sus mayores no les indicaban cómo ni con qué hacerlo. También me han escrito varias familias diciendo que sus hij@s de 2 o 3 años solamente juegan si una persona adulta lo hace con ell@s y que es agotador. En algunos casos es posible que estas dinámicas innecesarias de dependencia creadas en los comienzos puedan tener algo que ver.

Déficit de experiencias. Hoy en día la neurociencia ha demostrado que nuestras redes neuronales (lo que nos hace inteligentes) se crean y amplían principalmente mediante la repetición de ejercicios impulsados desde nuestro interior. Un/a bebé a el/la que le llama la atención un objeto a 50 cm. suyo, llevará a cabo una serie de esfuerzos, movimientos y variaciones posturales hasta alcanzarlo. En cambio, un/a niñ@ a el/la que le acercamos tal objeto, pierde en el camino un sinfín de experiencias sensoriales y motrices, y por consiguiente, desarrolla menos redes neuronales.

Quitar protagonismo. Sé que el mayor propósito de todo padre y madre es que sus hij@s sean felices. Sin embargo, inconscientemente a menudo proyectamos en ell@s nuestras carencias. Debido a nuestra necesidad de superioridad tenemos una incontrolable propulsión a enseñarles todo, aún cuando no nos lo piden. Además, debido a nuestro ego y afán de protagonismo a menudo les robamos su juego. Pero recordemos que para que sean felices somos nosotr@s quienes ahora debemos estar a su servicio, no al revés.

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¿Hay algo que sí sea recomendable hacer?

Quizás nunca te habías planteado estas reflexiones y te sientas algo desconcertad@. Quizás también te estés preguntando qué alternativas tienes para pasar tiempo de calidad con tu hij@…

Tu bebé necesita que le mires, que le observes mucho, que estés disponible a su lado sin expectativas, que si te sonríe le devuelvas la sonrisa, que cuando emite un sonido se lo devuelvas, que si te entrega algo lo cojas, que si crea o logra algo y te mira en busca de reconocimiento se lo des, que si necesita contacto le abraces, que durante los cuidados le anticipes y cuentes lo que le vas a hacer, que lo acaricies, alces y muevas con cuidado, que cuando llore le cojas en brazos o acompañes su emoción…

Puede parecerte poco, pero las familias que han pasado por mi Grupo de Crianza y han aprendido a observar y acompañar el movimiento y juego de sus peques sin intervenir, destacan lo hermoso y maravilloso que es darse cuenta de todo lo que sus hij@s son capaces de hacer y lo felices y segur@s que se les ve.

Resumiendo, jugar con tu bebé es una necesidad tuya y no suya. Pero si has ido respetando sus tiempos de desarrollo, llegará el día en que te invitará a que colabores en su juego. Ahora sí, no dudes en hacerlo, pero recuerda no quitarle el protagonismo y tratar de ceñirte a sus normas y sugerencias. Por supuesto, más adelante llegará también el tiempo en que querrá realizar actividad física, jugar a juegos de mesa y otros juegos en familia de l@s que gozareis infinidad. ¡Tiempo al tiempo y a disfrutarrrrr!

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Por dar voz a la infancia. Por un mundo mejor ☮ ✌

2 comentarios en “Pero entonces… ¿no debo jugar con mi bebé?

  1. Me encanta como lo has explicado. Para mi la gran dificultad es cambiar esas dinámicas cuando otras personas juegan con él (abuelos, por ejemplo). Es una situación que me estresa y o me callo y dejo que le enseñen a construir torres, robándole el proceso, o digo algo y se ofenden porque “no pueden ni jugar con el niño”. Un saludo

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    1. Sí, efectivamente una de las cosas que más nos cuesta es poner límites a otras personas adultas, eso ya es trabajo personal de cada unx…mucho ánimo 💪

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